Desarrollo

El desarrollo como concepto tiene que ver con la capacidad de una sociedad de producir riqueza y  como consecuencia, bienestar social promoviendo el avance científico, cultural, material de sus habitantes.

Las teorías tradicionales entienden que dentro del capitalismo, como modo de producción prácticamente global, existen países desarrollados y subdesarrollados. Los primeros, han logrado alcanzar un muy alto y eficiente nivel de industrialización durante el siglo XX y han podido posicionarse como países dominantes en el desenvolvimiento del mercado mundial. Estos países, por su nivel de desarrollo económico, están caracterizados por un alto nivel de progreso social en comparación con los países que no se han desarrollado industrialmente. Eventualmente, los países en vías de desarrollo lograrán alcanzar en eficiencia a los países desarrollados, acompañados de las políticas y planificación pública necesarias. El principal indicador del desarrollo de los países, es su crecimiento es decir, el aumento de su Producto Bruto Interno de año a año. [1]

El revisionismo de las teorías tradicionales está encabezado por las llamadas Teorías de la Dependencia. Con la cumbre de su desarrollo en los años 1960, sociólogos y economistas de países latinoamericanos intentaron dar argumentos en contra de la linealidad de las explicaciones tradicionales a través de un análisis histórico del desarrollo de los países del mundo. Entre los autores más destacados pertenecientes a esta corriente, se encuentran Fernando Cardoso, Enzo Faletto, Theotonio Dos Santos, de Brasil pero también Oscar Braun y Marcelo Diamand en Argentina.

Lo que sostiene este cuerpo teórico es que las teorías tradicionales, amparadas en datos macroeconómicos, niegan la realidad histórica del desarrollo de los países industriales, es decir cuándo y a través de qué métodos lograron ser los países manufactureros que hoy son. Los países dependientes se caracterizan por el hecho de que el desarrollo de sus fuerzas productivas depende de un crecimiento constante en la disponibilidad de recursos externos[2] y por economías esencialmente agrarias que exportan productos primarios e importan productos industriales de los países desarrollados.

Para Braun, existen países imperialistas y países dependientes. El capitalismo en los países latinoamericanos, que son también los subdesarrollados, no ha devenido de una evolución del desarrollo de las fuerzas productivas como sucedió en Europa, sino, como un injerto, producto de la colonización económica a través de enclaves que dio como resultado la convivencia de dos tipos de economía. Una agraria y poco avanzada  y otra con centros urbanos capitalistas. Este tipo de economías hibridas, presentan muchas dificultades en el avance de la industrialización, por falta de divisas para la adquisición de insumos y bienes de capital. Estas divisas son provistas por el sector dinámico de la economía, el de la agricultura, lo que da como resultado crisis cíclicas de balances de pagos e inflación estructural.

Estos argumentos plantean que el desarrollo de los países industriales no depende tanto de su eficiencia o  de una superioridad particular en materia productiva, sino más bien de una correlación de fuerzas históricas que dan como resultado a países perdedores y países ganadores. En última instancia, los países subdesarrollados dependen ampliamente, de créditos e inversiones externas para el funcionamiento de su economía y estos son provistos por los países industriales. Esta correlación de fuerzas económicas entre países trae aparejada un alto nivel de desarrollo social (es decir, alto nivel de urbanización, complejidad y avance en materia educativa, científica,  de investigación, una marcada eficiencia en los sistemas de salud etc.) en los países industriales, algunos de Europa Occidental y Estados Unidos principalmente. En contraste con un escaso nivel de desarrollo social en los países latinoamericanos y asiáticos por ejemplo.

Otro tema pertinente con respecto al Desarrollo, tiene que ver, con la forma en que lo miden los organismos internacionales de estadística. Para tener información acerca del desarrollo de los países, en general, se utiliza generalmente, el Índice de Desarrollo Humano (IDH),  elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Consta de un indicador social estadístico compuesto por tres parámetros: vida larga y saludable, educación y nivel de vida digno.

El informe publicado en 2014, da como resultado que de los medidos, 49 países tienen un IDH muy alto, entre los que se encuentran Noruega, Australia, Suiza y Alemania. Mientras que en 43 países es bajo, en dicho cuartil se ubican Letonia, Chile y Kuwait entre otros.[3]

Este índice es cuestionado en los debates académicos, principalmente por el filósofo y economista bengalí Amartya Sen[4]debido a que no parecería agotar las dimensiones del desarrollo. Por ejemplo, no mide el nivel de participación política ni la desigualdad de género en los países. Sin embargo se utiliza como un parámetro de referencia respetado para la comparación entre países.

Gabriela Cévalo Boro, Facultad de Ciencias Sociales UBA.

 

 



[1] Goedder, C. (2006), “Una perspectiva económica liberal de largo plazo” en AAVV, Políticas liberales exitosas: soluciones pensando en la gente, Buenos Aires, Fundación Atlas, Página 112.

[2] Braun, O. (1970) El desarrollo del capital monopolista en argentina, Buenos Aires, Tiempo Contemporáneo, página 69.

[3]  Informe sobre desarrollo humano 2014, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

[4] Amartya, S. (1981), Pobreza y hambruna: Un ensayo sobre el derecho y la privación,

 


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